Ambulante en la UNAM: Los cosechadores y yo

Los cosechadores y yo (Les glaneurs et la glaneuse; Francia, 2000, 82 min.) / Agnès Varda

Texto: Jorge Luis Tercero Alvizo (@GiorgioDammit)
 

Me gustó filmarlo a él.

Me gusta filmar papas,

la vida que pasa

y a los gatos…

Agnès Varda 

La recolección como un estilo de vida que camina hacia dos polaridades extremas de la existencia moderna; una ojeada hacia distintos recorridos que al final parecieran llevar al mismo lugar. Una mirada que se bifurca y cristaliza en la figura de una papa en forma de corazón.

En el año 2000, Agnès Varda filma Les glaneurs et la glaneuse (o Las cosechadoras y yo), una analogía cinematográfica que oscila entre el mundo de los campesinos franceses que siguen practicando el longevo arte de espigar en el campo y los pepenadores citadinos que se dedican a recolectar comida en buen estado entre la basura de las urbes.

Nacida en Bélgica, Varda filma en activo. Atraída en los últimos años por la estética del cine documental, es considerada uno de los miembros más importantes de la nouvelle vague, junto a realizadores como Jean-Luc Godard, Jacques Rivette o Alain Resnais. 

Una papa con la fisonomía de un corazón tierno se convierte en el símbolo de este documental: una metáfora hecha vegetal que la directora no dejó pasar desapercibida. ¿Pero metáfora de qué? Tal vez de algo relacionado al amor, el futuro de la humanidad o simplemente la alimentación. Quizá sólo un capricho de la naturaleza con el que se ha cruzado su cámara. Las voces de diversos pepenadores –entre ellos Alain, un hombre con buena salud que se alimenta de los desperdicios de comida que dejan los mercados parisinos– se cruzan con las de los granjeros que cultivan y recolectan las verduras en la campiña francesa.

Múltiples formas de percibir y afectar una forma de alimentación en Francia. Un caleidoscopio de hábitos alimenticios: gente que intenta producir su propia comida; gente que desperdicia y tira los comestibles sin pensar que otro podría necesitarlos; gente que recupera los restos aprovechables de dichos productos. La eterna lucha de la opulencia contra la pobreza vista desde el fondo del contenedor de basura. Al mismo tiempo, como parte de una sencilla pero contundente poética cinematográfica, Varda nos presenta la imagen cinematográfica como un acto de recolección o de pepenación, si se prefiere el símil. “Soy una pepenadota de imágenes”, comenta en algún punto del filme la realizadora.

Este entrañable filme nos presenta una Varda llena de creatividad que intenta buscar las fibras centrales de todo un complejo modo de entender la subsistencia; una cultura caótica (y esto sólo en el espectro francés) que se debate entre la alimentación y la hambruna, ambas masificadas. La realizadora encuentra algunas respuestas parciales en la pintura Les glaneurs deJean-François Millet, en los campesinos franceses que en pleno siglo XXI siguen evocando dicho cuadro, en el rap que introduce en una de sus secuencias a manera de reclamo lúdico y en las verduras frescas y sanas que algunos pepenadores logran extraer de entre los desperdicios. Aunque no fallido, finalmente la labor del film tiene un rango limitado. El documental queda como una invitación esperanzadora; como una provocación hacia una reflexión más profunda, para que nuevos ojos compartan la visión y, tal vez, la papa en forma de corazón. 

Los cosechadores y yo ha sido incluida en la sección Reflexiones de la séptima gira del festival Ambulante. La cinta se presentó en el Teatro Carlos Lazo de la Facultad de Arquitectura, en Ciudad Universitaria.

En el mismo recinto, el día 23 de febrero, Ambulante presenta Mundo remoto, salvaje y azul (2005) de Werner Herzog a las 12:00 horas, Línea roja (2011) de J. F. Costa a las 16:00 horas y El Velador (2011) de Natalia Almada a las 18:00 horas.